Enrique Ortiz – Obras más emblematicas

Gente de pueblo

sin-titulo

La superficie se fragmenta en múltiples áreas que tienen fragmentos de vida, incautados en distintos escenarios que se pueden leer de acuerdo con diferentes secuencias. Profundiza en los recuerdos y experiencias que cuentan con personajes que pasan por la ciudad como un niño y su abuelo, o el cuidado, mujeres, parejas, y las cifras que prefieren quedarse solo frente al mar. Predomina ahora en su arte una vocación experimental y constructiva sin sacrificar el contenido emocional de la composición.

 

Sin título – 1984

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Con una sola tinta diseña una figura corpulenta, sentado, cubierto con sombrero, flanqueado a la derecha, con una sucursal en una mano, mientras que el otro está con gesto expresivo. Su cabeza se encuentra en una especie de escenario de marionetas donde se muestran una serie de caras con diferentes expresiones. Combina línea refinada dibujo con textura gruesa que oscurece el fondo de la parte inferior del papel.

Gaiteiro falando de utumano – 1986

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La obra, concebida como un tributo especial al mundo del grabado y el arte japonés, está dedicada al maestro de la estampa japonesa, Kitagawa Utamaro, famoso por la elegancia y la sensualidad de sus retratos femeninos.

En un espacio indeterminado colocado los personajes de esta composición de gran complejidad y belleza, llena de símbolos ocultos. Cada una de las figuras tiene su propia identidad, comparte la misma atmósfera etérea, pero no está relacionado o no formar parte de la misma realidad, constituyendo solamente fragmentos aislados de la misma historia. Las figuras femeninas, zalamera, muestran sus pechos desnudos, fuera del narrador, Piper, que dice, antes de describir personajes medievales absorben el balcón en un relato fascinante.

Contribuir a la creación de la atmósfera de las masas de los sueños de color, superpuestas en la línea azul profunda, alcanzando un área densa y pesada en los colores que se superponen, la pérdida de la claridad y la transparencia para ganar sensaciones matericas. La luz está perfectamente capturada por el accidente cerebrovascular y la selección precisa de tonos que se ajustan a diferentes gradientes de luminancia en el volumen de dar y lo físico a estos personajes, habitantes de un mundo imaginario.

Muelle del campo cámara – 1975

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Un número de figuras se remontan a los barcos amarrados junto al mar espectador que incluyen; en primer lugar, dos guardias vigilando la escena. Las siluetas, alineados en planos diferentes, refléctense en la arena con una sucesión rítmica de sombras y luces, aseguradas con una letra de manchas de color que dan movimiento a la escena.

“Entre la tradición y la modernidad” en el Centro Cultural Caixavigo, octubre de 1996.

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