Xoán Piñero – Autor

600486_521080081275080_134704337_n

¿Qué hombre bueno, honesto y escultor fue John Pine, una voluntad absoluta para la creación, el dominio de la forma, la invención de nuevos volúmenes y la lealtad en la imagen. De origen campesino y la pesca fueron sus primeras actividades durante la infancia, la adolescencia y la edad adulta temprana fue simplemente un pastor. Pero en fin, fue un artista con cuchillo de cocina en las ramas de los árboles de roble o castaño en tinas varados de costillas en sus primeras figuras. El Gobierno Provincial concedió una beca para estudiar en la escuela de San Fernando de Madrid, por lo que con mucho esfuerzo se dedicó a ello y que su educación escolar fue muy escasa. Luego se trasladó a Roma para trabajar en un taller del escultor Hood, profesor que da la embarcación gallega a un excelente escultor. El primer premio llega  de los compañeros de  Pineiro en la exposición de escultura, en 1950, tras el éxito obtenido en el otoño del Salón de Madrid y con otra bolsa Condado de su localidad natal. Reside en Madrid, sus obras y exposiciones van a la Bienal Española-Americana de Barcelona en 1953. Tras su ruptura con la vida en Madrid, regresa a Galicia para establecer la fábrica en Goiania, ciudad natal de su esposa, Carmine, a menudo modelo del artista y el primer pintor Xavier Pousa, un alumno de Antonio Fernández, con quien el escultor hace amistad inmediatamente. Pino, talento natural, voluntad fuerte, domina la anatomía e inventa una ingeniosa colada desafiando las leyes de la física. Se empieza a hacer monumentos públicos que dan prestigio, como el Calvo Sotelo, en Tui, que seguirá al lago arzobispo, también en la antigua ciudad medieval, el Astray Millán en Coruña y los dos marineros en Vigo. Frustra su proyecto en honor a Martin Codax, con quien tuvo un malentendido por el Alcalde de Vigo que no entiende la imaginación del artista, que hace que el arte religioso de las iglesias de San José de los trabajadores y los Apóstoles la instale en Vigo. La escultura realista inicial, en forma y con atado clásico, logró un mundo de formas curvas impresionantes, con aberturas en la piedra y bronce combinado. Es un clásico en cualquier muestra colectiva este tipo de escultura que alterna su vida entre Vigo y Goiania, pero el afán de volver al estudio, al trabajo, a sentirse a gusto con su creación le va a costar la mitad de la vida. Después de asistir a un homenaje para dar a entender que un grupo de artistas que se rindió al escultor gallego Reinaldo Pino decide en la madrugada para ir a trabajar Goiania. Apenas amanece, el domingo 21 de diciembre de 1980, el Land Rover en que andaba, da la vuelta al cruce de Porriño hacia Tuy y el artista muere en un aparatoso accidente, cuando la madurez de su trabajo innovo en lo nuevo y fue importante para aquella época. Desde entonces, las exposiciones de sus esculturas, se ocupan de su viuda y de sus hijas, donde se repitieron sus exposiciones en numerosas ciudades, actuando siempre como un tributo al maestro fallecido prematuramente.

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *